"El primero es cuando uno determina cuál cosa es prescindible y cuál no para su vida personal. Cuanto uno decide que tiene menos de lo segundo que de lo primero, entonces más riesgo hay de que se transforme en talibán de su interés. Fija su rumbo y sin importar vientos y tempestades, se lanza hacia su motivo de existir.
"El segundo de los casos se presenta cuando al individuo se lo deja sin nada que perder, incluida una existencia sin valor, de sufrimientos y carente de cualquier lazo emocional. Entonces, más por necesidad de supervivencia y búsqueda de sentido que por decisión premeditada, se lanza a todo o nada, una situación en la que es preferible perder la vida que continuar existiendo de ese modo.
"Y éstos son los más peligrosos, porque a ellos no les interesa una segunda oportunidad."
Yo le comenté:
A mi modo de ver no habría una gran diferencia entre los dos modelos que planteás; en definitiva en todos los casos se trataría de la siguiente situación, reducida al Mínimo Común Denominador:
Frente a una jugada (elección, decisión, apuesta, acción, lo-que-sea), el jugador elige entre A y B luego de evaluar la función de Maximización de Ganancia.
Elección = Gmax(A, B)
La función Gmax es sólo un polinomio que pondera todos los factores en juego y se calcula para A y luego para B. El resultado más conveniente es el que se elige.
En los coeficientes de ese polinomio están todas las cosas que el jugador pone sobre la mesa:
- Dinero
- Tiempo
- Familia
- Creencias religiosas
- Vida propia y del prójimo
- y una interminable lista de valores (p.ej.: honestidad, integridad, coherencia, y etcétera hasta el infinito)
Creo que nuestro problema, el tuyo, el mío, el de él, está en creer que todos deberíamos movernos más o menos con la misma escala de valores (el mismo polinomio). Me parece que nuestra confusión surge de que nosotros compartimos polinomios muy similares (dime con quién andas y te diré cuántos son), y quizás, mi amigo, la realidad es que el polinomio es distinto para todos, y para algunos es tan distinto que no pensamos que tal polinomio pueda siquiera existir. Y aún si existe, pensamos que está enfermo, o es anormal o irreal.
Y es sólo un polinomio.
Y tiene tanta posibilidad de existir como el nuestro propio, porque aún habiendo muchos parecidos entre sí, todos son únicos.
Y te pregunto ahora:
¿Qué haría falta para que aceptes la posibilidad de convivir con ése otro?
¿Cuál es el límite que estás dispuesto a tolerar con tu tolerancia propia?, la tolerancia tuya y no la de nadie más.
Y yo me lo pregunto también, y jugamos a que convivimos y nos respetamos.
Vos dirás:

2 comentarios:
Mierda que te ha sido atrás en el tiempo. No me acordaba nada de esto. Lo peor, es que pasando un periodo tan largo, lo mía probable es que haya cambiado de opinión.
Sí hablamos de tolerancia y funciones de utilidad, obviamente que lo ideal sería alcanzar un equilibrio de Nash, en donde por más que alguien cambie su función de utilidad, esto no le afectaría a los demás participantes.
Pero en la vida real, es muy difícil alcanzar tal estado.
En cuanto a la tolerancia, entre tener razón y ser feliz, elijo la segunda, siempre y cuando no me afecte en los valores que elegí como imprescindibles...
O sea... en realidad seguís pensando igual ;)
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