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martes, 29 de abril de 2014

Sobre cómo respetar al prójimo y sus opiniones

[EDITADO] Este post fue el primero de un par más (Parte 2, Parte 3 y Parte 4). Nació con la intención de poner en el aire mi opinión –en forma breve– sobre el Contrato Social y cómo no es posible la convivencia sin una “cesión parcial de libertades individuales” en favor de la habilitación de “permisos” para el libre albedrío del prójimo. Y hablar también de la consecuencia inmediata: que estas “cesiones parciales de libertades individuales” deben ser administradas por un Estado, digamos, genéricamente, alguien/algo con la autoridad que nosotros le conferimos para que lo haga. Y que este Estado debe hacer una administración responsable del preciado bien que le estamos cediendo parcialmente. Puesto que se trata de libertades, mierda. ¿Se entiende?
Después, resulta que al post le puse de título esto de respetar al prójimo y la forma que tiene de pensar y cómo opina. Y está bien, pero invita a mucho más que a hablar sólo de Contrato Social. Bueno. Eso quería decir. Veremos entonces.
Los dejo con el post pre-edición:
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Ceder libertad en favor de la convivencia mutua.
contrato-socialEl tipo más conocido en este sentido es Jean-Jacques Rousseau, autor del llamado "Contrato Social" cuya sustancia –entiendo– consiste en que los miembros del grupo aceptamos voluntariamente este contrato y haciendo uso de él admitimos la existencia de una autoridad y unas leyes, a las que decidimos someternos.
Rousseau dice que para vivir en sociedad, los hombres acordamos someternos al Estado y recibimos derechos como ciudadanos a cambio de abandonar la libertad de la que disponemos en estado de naturaleza. Rousseau era un optimista, pobre; una frase conocida suya es que "El hombre es bueno por naturaleza". Rousseau, quizás sorprendido en su buena fe, resultó ser una de las chispas que disparó la revolución francesa... aunque desafortunado él, murió antes de verla concretarse.

Ejemplo de Contrato Social:
El semáforo en rojo está allí de adorno, si es que decido que tengo la libertad –que de hecho la tengo– de cruzar la esquina en mi auto sin importar el color de las lucecitas esas. Claro que al hacerlo me expongo al riesgo de que venga uno por la otra calle en su propio auto y nos demos un señor tortazo. Entonces, qué hago: decido ceder mi libertad de cruzar la esquina y someterla al color del semáforo y a la norma que indica que si el color es rojo, no tengo que cruzar. Es por un bien superior. Nos ahorramos chapa y pintura y quizás algo de gastos médicos o funerarios.

Este tipo es un capo, Hobbes:
Otro famoso colaborador en esto de las limitaciones de la libertad individual en función de una posible convivencia es Thomas Hobbes (coetáneo de don Juan de Solórzano y Pereyra [Nota*]). Su punto de vista era diferente; cien años antes de Rousseau él decía que, o nos sometíamos al contrato social -que aún no se llamaba así-, o la alternativa era la anarquía. A él no le parecía bien la anarquía... es porque Hobbes era, al contrario que Rousseau, un pesimista. Como prueba de ello aporto dos frases muy conocidas que se le atribuyen:
1. "Give him an inch, he'll take an ell" (Dale una pulgada y tomará un codo). En donde codo (ell) es una yarda y un cuarto, 114 cm.; ¿a que nadie se esperaba que éste fuera el autor original del genial concepto?
2. "Homo homini lupus" (El hombre es lobo del hombre). Una de las mejores definiciones de la naturaleza humana que me han enseñado, me llega dicha por Hobbes (aunque su autor original es Tito Maccio Plauto).



Nota*: “La verdadera y más importante libertad consiste en que todos seamos esclavos de las leyes, pues si a cualquiera se diese licencia para proceder según su voluntad, la libertad perecería en la libertad.” de Juan de Solórzano y Pereyra, siglo XVII.

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