Hablemos del fanático.
Me causó mucha gracia leer lo siguiente:
"Yo antes era fanático de Tal Cosa. Ahora aprendí: entendí que Tal Cosa es la PEOR COSA que podría haberle pasado al país; desde entonces no soporto que ni siquiera me hablen de Tal Cosa".
Digo, me causó gracia, porque claramente leo:
"Ahora soy fanático Anti Tal Cosa".
¿No?
Parece que una vez que alguien es fanático de Algo... en realidad no importa el Algo, lo que importa es la condición de fanático. Porque la experiencia enseña que ese Algo pude cambiar, ¡seguramente!, evolucionar, transformarse en Algo Más, por ejemplo. O puede que ese alguien decida que Algo ya no merece toda su devoción incondicional y directamente opte por Algún Otro Algo, que a todas luces es más completo, complejo y moderno, puesto que tiene tres palabras en el nombre y no sólo una, como el perimido Algo. Parece, decía, que una vez que alguien es fanático de... podrá perder el Algo, pero lo que parece ser casi seguro es que lo que no pierde es la condición de fanático.
Como dice Tato: "Parece un chiste, si no fuera una joda grande como una casa".
Tomado del Diccionario Filosófico de Voltaire.
