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sábado, 6 de junio de 2009

¿Qué busca la mayoría de la gente?

(Tomado de "Un minuto para el absurdo" de Anthony de Mello)

Para explicar cómo lo que busca la mayoría de la gente no es el gozo de la conciencia y la actividad, sino el consuelo del amor y la aprobación, el Maestro refirió una anécdota de los tiempos en los que cada noche, antes de dormirse, su hija más pequeña le pedía que le leyera un cuento de los muchos que contenía un libro que le habían regalado.

Un día se le ocurrió la idea de grabar los cuentos en una cinta. La niña no tardó en aprender a manejar el grabador para reproducir los cuentos y todo resultó estupendamente durante unos cuantos días, hasta que una noche la niña puso el libro en manos de su padre y le pidió que le leyera un cuento.

«Pero, tesoro», dijo el Maestro, «ahora ya sabes cómo se maneja el grabador...»

«Sí», respondió ella, «pero no puedo sentarme en sus rodillas».

martes, 2 de junio de 2009

Quisiera poder leerlo todo

Ayer me di cuenta de que: es imposible leerlo todo.

Ah, pero qué inteligente este muchacho, dirá alguna señora... se ha dado cuenta de algo que ya todos sabemos. Y así es nomás, acabo de darme cuenta.

Además de querer casarme con una chica linda (que supiera coser, supiera bordar y supiera abrir la puerta para ir a jugar), querer tener hijitos y querer tener un trabajo divertido y provechoso, cuando era adolescente, quería leerlo todo. Quería saber el porqué de todo, quería entender y estar en condiciones de explicar, porque también quería ser maestro, docente como le dicen hoy.

Hoy tengo ya más de cuarenta años y he cumplido todos mis sueños salvo ése, el de saber el porqué de todo. Ojo, no es poca cosa, digo, lo que sí conseguí. Me casé con una chica linda, tenemos un hermoso hijo y tengo un trabajo divertido y provechoso (aunque de este último ingrediente aún falta un poco ;-). Así que, ¿de qué me quejo? De nada, realmente tengo pocos motivos para estar insatisfecho con esta vida que me ha tocado vivir. Es sólo que me hubiera gustado poder leer más y saber más y entender más.

Y no se puede.

Y lo terrible es que la información está toda ahí, al alcance de la mano. Es como haberle puesto una torta de casamiento adelante de la cara a un tipo que se muere de hambre, pero está a dieta... y atado de pies y manos... y con la nutricionista sentada a su lado en esa fiesta macabra.

Sí, hoy, además de los libros que se pueden comprar en todo el mundo con Paypal, está Internet, con su Wikipedia y su Wolfram Alfa y sus infinitos Blogs y tanta otra cosa que es imposible enumerar. Wikipedia es alucinante, podría pasarme horas navegando de artículo en artículo, pero me llaman a cenar... y a la chica linda más me vale hacerle caso.

Bien, así las cosas, veamos: soy ingeniero y por lo tanto tengo esa deformación profesional que tienen la mayoría de los ingenieros que consiste en buscarle soluciones a todos los problemas. Jeje... es que hay gente que puede vivir sin saber las soluciones a los problemas, ¡es así! Ah, ¿usted también? Bueno, vea, yo no. Y eso no significa automáticamente que haya solucionado todos mis problemas, lejos estoy. Pero que les busco la solución, lo hago; y cuando la encuentro, bueno, la encontré. Honestamente, en general, intento aplicar las soluciones que encuentro, lo que pasa es que algunas son más sencillas y otras más complicadas; estas últimas, a veces, toman más tiempo para convertirse en realidad, a veces tanto tiempo que -quién sabe- quizás nunca lleguen a resolver el problema para el que fueron concebidas.

Entonces, volviendo al punto, estoy buscando una solución al problema planteado al comienzo: Es imposible leerlo todo. Y la respuesta es más o menos evidente, consiste en una de seis:
  1. leer lo que se pueda
  2. seleccionar lo que se lee
Hoy por hoy me parece que la opción b es la más sensata. Entonces, de todo el universo de lectura disponible tengo que elegir el subconjunto al que dedicaré mi tiempo. ¡Pero qué fácil! ¿Y para eso tanto lío? Es que, mire vea, le explico: Al elegir un subconjunto estoy dejando un montón de cosas afuera, y no cualquier cosa, sino temas muy, pero muy interesantes. Estoy decidiendo que nunca, pero nunca voy a leer sobre esos temas, a esos autores, nunca voy a estudiar esas materias, nunca voy a ver esas películas, nunca voy a escuchar esas conferencias. Y la cantidad de información y conocimiento que me estoy perdiendo es monstruosa. Es como quedarse sin una pierna y sin un brazo y sin la otra pierna... es como decir, bueno, amputen nomás. Parezco Anakin Skywalker al final del Episodio 3. Sólo que del lado bueno de la Fuerza. Je.

Así que, entonces, no se pueden leer todos los diarios. Encontré una posible solución para esto hace un año: las suscripciones RSS. No sirve, no se pueden leer todos los Feeds. Tengo que empezar a eliminarlos y aún no lo hago porque apenas eliminé el primero, ayer, me dolió como un pinchazo; me pregunté: ¿A qué sitio apuntaba? ¿Cómo lo recupero? Es decir, si quisiera hacerlo... Ay, qué cosa. Voy a tener que bajar los Feeds a la quinta parte, como mínimo; estoy siguiendo más de ciento cincuenta.

No se pueden leer todos los libros. No se puede leer a todos los autores. No se pueden ver todas las películas. No se pueden escuchar todas las canciones.

Hay que seleccionar. Y hay que desechar; aún lo que pueda ser muy copado, deberá desecharse también. Y parece que así es la vida nomás, uno va por ahí eligiendo cuáles cosas vivir y cuáles no. Epa, ¿qué dije? Que uno elige también qué vivir y qué no. Mmm... interesante. Da para otra charla. En caso de que este autor siga en su subconjunto. :-)