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viernes, 4 de julio de 2008

Motivación vs. Pasión

Hace poco tiempo leí el libro "El monje y el acertijo", de Randy Komisar. Encontré varios temas interesantes en él; quiero hacer un comentario sobre uno de ellos, la diferencia entre motivación y pasión. Según Komisar, la motivación está vinculada con la idea de "empujar". Una persona motivada posee razones que la empujan a realizar una determinada tarea. Para hacer un trabajo o completar una misión cualquiera, es posible encontrar motivos que justifiquen el costo involucrado, ya sea en esfuerzo o tiempo invertido.

La motivación ha sido vista históricamente como la piedra de toque de la vocación. Sin embargo Komisar nos desafía incluyendo a la pasión en este análisis. La pasión, dice, en lugar de empujar, tira. Es un impulso difícil de resistir y llena los pensamientos y sentimientos. La pasión es el sentido de identificación que la persona experimenta cuando el trabajo que realiza expresa quién es. Cuando la pasión está involucrada en la ejecución de una tarea, no hace falta buscar razones que justifiquen la inversión de tiempo y esfuerzo. La lógica y la reflexión son innecesarias. La voluntad requerida para encarar la labor adquiere vida propia, no es preciso fortalecerla ni educarla. La tracción delantera es más eficiente que la trasera.

La pasión está directamente vinculada con la vocación; es su termómetro. También es una brújula que puede guiar a quienes no tienen una vocación clara. Me gusta presentar a la vocación en un gráfico cartesiano, con un eje horizontal que enumera las posibles tareas de la persona y uno vertical en el que se miden la pasión o la vocación. En este gráfico la forma de la curva es idéntica a un diagrama de resonancia: en su mayor parte es plana, pero hay determinadas tareas para las cuales dibuja picos hacia arriba; puede ser uno o varios, algunos mayores que otros. La curva también mide la efectividad con la que se realizan las tareas: en general es plana, mediocre; sin embargo existen trabajos que la persona puede realizar con mejor resultado, son aquellos en los cuales encuentra su vocación.

Hay una trampa: cuando la persona es muy hábil en general, toda la curva se eleva y la zona plana es lo suficientemente alta como para confundir, haciendo pensar que varias labores pueden ser objeto de la vocación. Esta persona es capaz de encarar varios tipos de trabajo y hacerlos todos bien, incluso con un rendimiento superior al promedio. Aún así, destacándose y ganando responsabilidades en el desempeño de su actividad, la persona se encuentra insatisfecha, con la sensación ineludible de que no está haciendo lo que debe, de que pierde el tiempo. En ese caso lo mejor es concentrarse en las diferencias de altura de la gráfica; siempre existirá una tarea que se disfruta en mayor medida que otra, aún satisfaciendo el nivel aceptable de productividad o rendimiento en ambas. Aquella labor que se disfruta más, con la práctica, se realiza con mejores resultados, del mismo modo que se aprende un oficio adiestrándolo, ejercitándolo. Cuando se dé en el clavo con la vocación, el entrenamiento necesario para alcanzar la maestría en esa tarea no se verá como una obligación, nacerá en forma natural. Eso no quita que haya que dedicarle tiempo y esperar hasta ver resultados valiosos, es muy raro encontrar alguien que nazca con la habilidad suficiente para desempeñar una labor con fluidez y comodidad. En general es válido que la práctica hace al maestro, también para las actividades que apasionan.

John Maynard Keynes dijo "A la larga, todos morimos"; el tiempo es nuestro recurso más valioso. Si no lo estamos aprovechando, es tiempo perdido. Cualquier cosa que estemos haciendo que no esté directamente vinculada con nuestra pasión, es tiempo perdido. Podemos estar muy motivados, pero la energía vinculada intrínsecamente con el sostenimiento de un estado de motivación es un derroche innecesario. Ese desperdicio de energía se suma al tiempo malgastado en realizar tareas que salen del foco adecuado, el señalado por la vocación y la pasión.

Encontrar el rumbo correcto es más que una obligación, es una necesidad urgente. No es válido el manido alegato "nada me apasiona". Hay que buscar, es un deber el preguntarse, investigar, bucear dentro nuestro hasta descubrir el objeto de nuestra pasión. Sólo habiendo hallado ese tesoro podremos darle valor verdadero a nuestra labor, transmutando el plomo en oro.



Nota 1: Este artículo fue escrito y publicado por primera vez en Julio del 2005.

Nota 2: El año pasado (2007) tuve la oportunidad de conocer una teoría relacionada con la vocación elaborada por Guillermo J. (cuando la publique pondré un vínculo a ella desde aquí) que tiene varios puntos en común con el gráfico cartesiano que sugiero en el tercer párrafo de este artículo. Guillermo asigna sobre el eje horizontal cinco "dimensiones" en las que el ser humano presta servicios para sí mismo y para la comunidad: Salud, Protección, Emoción, Desarrollo y Confort. Luego dice que para aquellas dimensiones en las que el Yo de la persona se manifiesta con mayor autenticidad (yo leo "vocación"), la esfera de prestación del servicio en cuestión se extiende en círculos cada vez más abiertos desde la persona, la familia, los amigos hacia los conocidos y luego desconocidos en la comunidad. Es una idea muy interesante y sería muy bueno que él la ampliara para que todos la disfrutemos. ¡Gracias Guillermo!